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sábado, 24 de enero de 2015

LA POLÉMICA DE UN HOMBRE VALIENTE


Hace unos días, y a raíz de los atentados de París, un periódico de tirada nacional publicó las declaraciones del Papa Francisco en el avión, en su viaje de ida pastoral a Sri Lanka y Filipinas. Estas declaraciones, que dicho diario tildaba de polémicas, fueron realizadas al preguntarle por los atentados, y después de dejar bien claro que la violencia no se puede justificar por la fe en ningún Dios, incluido, como no el cristiano, profundizó el tema con una reflexión.
En esta reflexión dijo algo que podía llamar a la polémica. Dijo que "no se puede ofender" ni se puede "ridiculizar" la fe, el pensamiento, de millones de personas. El diario en cuestión lo presentaba como una especie de "justificación" de los crímenes perpetrados en París. Nada más lejos de la realidad.
La presencia en la cúspide de la Iglesia de Roma -él siempre ha querido caracterizarse como obispo de Roma, "primus inter pares" según el dicho medieval- de una persona mediática, sincera, honesta con su pensamiento es lo que tiene. Los que ayer le aplaudían su aperturismo, hoy le intentan recriminar sus pensamientos. Aquellos que deseábamos que entrara el aire fresco a raudales en la anquilosada jerarquía eclesiástica aplaudimos el aperturismo tanto como estas declaraciones que, aparentemente retrógradas, confirman sin embargo la honestidad de quién las pronuncia.
Y las pronuncia plenamente consciente de lo que pueden suponer para él. Menoscabo de su popularidad, antipatía de ciertos sectores "progresistas", malinterpretación de cúpulas anquilosadas en la lucha de ideas, etc.
Por eso es valiente. Tanto ahora, como antes. Pero además es valiente porque defiende uno de los derechos fundamentales del ser humano, uno de los derechos que fue defendido allá por 1789, cuando en la misma Francia que actualmente ha sufrido los atentados, se levantó la bandera de la libertad. La bandera de la libertad de pensamiento que desde entonces todos los pueblos de la Tierra han hecho suya. La libertad de pensamiento, el derecho a pensar diferente y no ser vilipendiado por ello. Por supuesto, los estudiosos de la Revolución Francesa podrán explicar mucho mejor todos los entresijos del levantamiento. Podrán hablar de los desmanes que se produjeron en nombre de dicha libertad. Pero todos ellos convendrán conmigo que hay un antes y un después de esa revolución. Que ni siquiera la Revolución Rusa de 1917, con todas las consecuencias políticas que trajo consigo, que fueron muchas y muy importantes, marcó un cambio de era como lo hizo la Revolución Francesa.
Por tanto, el Papa Francisco sigue siendo "revolucionario". No va en contra de la libertad de expresión, cada cual puede expresar su conformidad o inconformidad. Simplemente señala que cualquier pensamiento, por extravagante o contrario a nosotros que sea, debe ser respetado. 
Y el respeto debe ser mutuo. Y el respeto debe abarcar a todo ser humano. Y si se debe respetar el pensamiento de todo ser humano, mucho más, mucho más importante, es respetar la vida de cualquier ser humano, incluido el que piensa distinto, o el que cree que nuestras creencias son risibles. El de éste último mucho más aún.