martes, 29 de diciembre de 2015

EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD

Es una expresión que siempre me ha resultado curiosa. Que poco a poco ha ido tomando cada vez más fuerza en nuestra sociedad consumista. Que se ha ido resumiendo en nuestra civilización occidental en las comidas de empresa con los compañeros de trabajo; en las reuniones familiares de parientes que quizás, el resto del año no se ven e incluso se ignoran; en el deseo de parabienes entre amigos lejanos que se envían fotos a través de Whatsapps -pues ya no hace falta siquiera realizar el esfuerzo de comprar una tarjeta navideña, escribir cuatro frases y echarla al correo-, Y que se ha ido representando por un señor barbudo y canoso, barrigón, con un traje de lana rojo, con terminaciones blancas y cinturón blanco, que intenta meterse por una chimenea inexistente en nuestros edificios actuales para dejar regalos la noche del 24 de diciembre. 

Cristo como Sol Invicti
Mosaico romano s.III d.C. 
Pues bien. Llega la resaca del 25. Los platos por fregar. La basura por bajar. Los cartones de los juguetes de los niños por recoger y el terrible dolor de cabeza de los que se hayan pasado con la bebida la noche anterior. Incluso en alguna reunión familiar, habrá habido algún altercado y habrán acabado las cosas mal. Y el famoso "espíritu navideño" se habrá ido a freír espárragos, pues bien es sabido que los niños, los locos y los borrachos son los únicos que dicen la verdad; o que creen decirla. En suma, un cuadro muy "edificante" de una celebración que hunde sus orígenes en unas creencias de las que la sociedad occidental está renegando. Las creencias cristianas. Sí, ya lo sé. Los eruditos me dirán: "Sr. Jesús, tenga usted en cuenta que la fecha del 25 de diciembre la puso la Iglesia el solsticio de invierno para juntar su celebración con la del sol invicti de los romanos." Habría mucho que discutir, pero de acuerdo, acepto la corrección. Y la acepto, porque no van por ahí los tiros de este post de hoy. Como tampoco van, como pudiera parecer por lo comentado hasta ahora, por el materialismo que ha inundado las fiestas navideñas desde el último tercio del siglo XX hasta nuestros días. No. Me refiero al significado de la expresión "el espíritu de la Navidad".

¿Llegamos a entender nosotros, ciudadanos "de un lugar llamado mundo -occidental, siglo XXI, lejos de lugares de conflicto-", lo que significó la primera Navidad? ¿Llegamos, por tanto, a entender lo que realmente estamos celebrando, el hecho que ha dado lugar a esta celebración a lo largo de los últimos 20 siglos -si somos puristas 16 siglos-?

Intentemos situarnos. Si partimos de la tradición, tenemos el portal de Belén. José, María, Jesús recién nacido, el buey, la mula, los pastores que llevan sus cosas para adorar al niño, etc. Quieren que "desbrocemos" la tradición, igual que hicimos con la de los "Reyes Magos" hace aproximadamente un año, ¿se acuerdan?


Empecemos. En primer lugar, fuera buey y fuera mula. Son introducidos muy posteriormente, cuando la piedad popular de la Edad Media considera que al ser un establo dónde dio a luz la Virgen María, perfectamente podría haber en él un buey y una mula. Y como en la Edad Media, la población de las aldeas solía compartir vivienda, incluso habitación dormitorio con sus animales de labor, que mejor que asegurar una "calefacción natural" para el recién nacido Niño Dios. Bien, buey y mula fuera.

Los pastores, que le adoran y le llevan presentes, o sea regalos. Permitidme la expresión: ¡Y una leche! El evangelio de S. Mateo no habla de pastores en absoluto, sólo cuenta el episodio de los Magos. Y el de S. Lucas, que es el que cuenta el de los pastores sólo dice que volvieron al pueblo y difundieron la noticia. Os transcribo el pasaje:


2:15 Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: "Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado". 
2:16 Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. 
2:17 Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, 
2:18 y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.

Asi que eso de regalitos al niño, tradición, pero nada más. Otra tradición a desmontar. Y aquí alguién puede que me apedree. Tanto en la Biblia de Jerusalén como en la Biblia Septuaginta no he encontrado el pasaje de "parió sin dolor". No dice en ningún sitio, según afirma la tradición cristiana, que la Virgen María pariera sin dolor. En este caso vuelve a ser S. Lucas quién habla de ello, porque S. Mateo no hace ninguna referencia. Os lo vuelvo a transcribir:

2:6 Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; 
2:7 y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.

Luego el parto debió ser tan normal como el de cualquier otra mujer, con sus dolores, sufrimientos, temores y tantas otras cosas más. Y además, no en un sitio normal, pues una vez nacido, tuvo que acostar al niño en un pesebre, lo cual indicaba que estaban en un establo, pues "no había lugar para ellos en el albergue". 


Otra tradición que se cae. No se rechaza a la pareja de Nazaret porque la población belenita es "mala". No es que no se quiera dar cobijo a una embarazada porque la maldad ha "anidado" en el alma de los habitantes de Belén. Simplemente no hay ningún sitio libre, y el único libre es un establo, y antes que quedar a la intemperie, José decide que es el mejor sitio para pasar la noche y allí les llega el momento del nacimiento de Jesús.

Y ahora, después de desmontar todas las "tradiciones" que se han ido acumulando sobre el nacimiento de Jesús, volvamos a nuestro mundo y a la pregunta que hacía antes. ¿Entendemos el acontecimiento que en realidad celebramos el 25 de diciembre? (Quede claro que me importa un rábano que sucediera el 25 de diciembre que el 14 de abril). Imaginemos por un momento:


El día del nacimiento de Jesús, una pareja de jóvenes, él 24 años aproximadamente, ella 15 años más o menos. Ella se encuentra embarazada de ocho meses y pico. Habían realizado un viaje de unos 170 km. a lomos de un burro, para registrarse por orden de una autoridad que estaba a miles de kilómetros de distancia. Habían hecho el trayecto por caminos de piedra y tierra, lodo y fango. Llevaban lo puesto y un hatillo, una especie de bolsa de viaje, con lo necesario (por favor, visualicen la escena). Llegan al pueblo al anochecer. Esta lleno de gente, pues es el destino de multitud de viajeros. Van preguntando por varias fondas y en ninguna encuentran habitación, ni siquiera hueco. Al final, alguien les dice que si quieren, en un establo pueden guarecerse de la noche, el joven mira a su esposa y ésta le asiente levemente mientras en su cara aparece un rictus de dolor. El joven acepta y guiado por el posadero se dirige al establo. 

Allí se acomodan lo mejor posible. Sin embargo, los dolores son cada vez más continuos, y la joven no puede aguantar le pide ayuda a él y el muchacho no sabe que hacer. Nunca se ha visto en esa situación. Si se va, la deja sola, abandonada en un establo. Si se queda, no puede ayudarla. Ella le pide un abrazo. Y así, a cada contracción, a cada grito, nota como sus manos se contraen en sus brazos, como sus dedos se clavan en su piel, y él la abraza intensamente, no puede hacer otra cosa. Al final, nota un esfuerzo inmenso por parte de ella. Ella, con dolor inmenso, empuja y nota que de su interior sale un cuerpo, se desliza un ser. Llama a su pareja, que se desase por un instante, se gira y mira su entrepierna. Entre restos de sangre ve un niño. Le coge, le agita y el niño empieza a llorar, y le pone en el regazo de la joven madre. 

La madre mira al niño feliz, le abraza a su pecho y abrazada a él, mira a su joven marido y sonríe. Con solicitud, limpian al niño de los fluidos del parto y lo envuelven en unos trapos limpios que han conseguido guardar para la ocasión. Buscan a su alrededor un sitio donde poder poner al niño para mientras poder limpiar a la madre. Lo único que ven es el pesebre lleno de paja para las ovejas, y el mullido de las pajas les parece el mejor sitio para que pueda descansar ese rato. Una vez que la madre quede lavada y limpia volverá a cogerle en sus brazos y podrán disfrutar de su presencia.


Queridos amigos. Feliz Navidad.

sábado, 26 de diciembre de 2015

EN BELÉN NO HABÍA CAMPANAS...

En Belén no había campanassss.
En Belén no había alegríaaaa.
En Belén un Niño llorabaaa.
Mientras su Madre sufríaaa.
Y sin embargo, en Belén
era Dios el que nacíaa.
Y sin embargo, en Belén
era Dios el que nacíaa.

En 2015, en Belén si hay campanas.
En 2015, en Belén si quiere haber alegría.
Pero, en Belén, en 2015, aún existe el llanto.
Pero, en Belén, en 2015, aún existe el sufrimiento.


viernes, 18 de diciembre de 2015

LCP X. EL DESTINO DEL PUEBLO SAM


Mapa de la tierra de los bosquimanos, BotsuanaDe los 100.000 sam que viven en el sur de África, alrededor de 60.000 se encuentran en Botswana. Dada la frecuencia de su aparición en distintos medios de comunicación, documentales y libros de referencia, cabría pensar que están protegidos y viven en consonancia con el entorno que les rodea. Nada más lejos de la realidad.

En el centro de Botswana existe la Reserva de Caza del Kalahari Central. Cuando se creó en 1961, pretendía ser un santuario para la fauna del desierto del Kalahari, y protegería el territorio de los sam que vivían en aquella zona, garantizando la continuidad de su cultura. Y todo fue así hasta los años 80 del pasado siglo. ¿Qué ocurrió?

An uncut diamond in Gaborone
La misma historia que nos podemos encontrar en muchos otros lugares. Aparece la codicia, en este caso en forma de diamantes. En los años ochenta se descubre la existencia de vetas diamantíferas en la zona de la Reserva. Y para explotarlas es necesario el uso de maquinaria pesada. Se produce el choque de intereses. La población sam vive de la misma tierra que ahora pretenden remover, perforar, destruir. Con la destrucción de la tierra, desaparece el hábitat de la zona que suponía la vida y la supervivencia, durante miles de años, del pueblo sam. Surge el conflicto.

El gobierno de Botswana envía a sus ministros a hablar con los sam. Se pretende que salgan de la zona. Es necesario, se les explica, para que puedan optar a un mejor desarrollo. No consiguen convencerlos.

Bushmen at Gope before being evicted
Por fin, el gobierno se decide a desalojar a los “molestos” sam. Los desalojos se producen en tres ocasiones: 1997, 2002 y 2005. Se cierran escuelas, centros de salud y se destruye el suministro de agua. Se les conduce a reasentamientos, nuevas “reservas” en dónde vegetar. Surgen los estigmas de la civilización moderna: paro, alcoholismo, depresión, SIDA.

Ante la situación, un grupo de bosquimanos, un grupo de sam, reaccionan. Llevan ante los tribunales al gobierno de Botswana. Ocurre en 2002, las primeras vistas orales comenzarán en 2004. Como resultado, el 13 de diciembre de 2006 consiguen una victoria histórica: Los jueces dictaminan que la expulsión es ilegal e inconstitucional y que los sam tienen derecho a vivir en la zona de la reserva.

A pesar de que el gobierno no apela la sentencia, trata de poner las máximas trabas al cumplimiento de la misma. Llega a establecer incluso la necesidad de una licencia para cazar en la Reserva, tanto para nativos como para foráneos. A los sam se les pide una licencia que deben renovar todos los meses. Sin embargo, los cazadores extranjeros, acompañados de divisas que aportan al país, son bienvenidos. Se llega incluso a negar el acceso a un pozo de agua a los sam que viven en el interior de la reserva, lo que los lleva nuevamente a los tribunales.

Kalahari Bushman in Botswana
Nuevamente la sentencia es a favor del pueblo sam. En enero del 2011 el Tribunal de Apelaciones de Botswana falla a su favor y condena el trato “degradante” del gobierno de Botswana a los bosquimanos. A pesar de ello, y oyendo al activista bosquimano Jumanda Gakelebone: “mi gente aún está luchando por el derecho a seguir viviendo según su antiguo modo de vida”.

Pero, por desgracia, la infravaloración del pueblo sam está arraigada en el resto de la sociedad. Según recoge en un artículo publicado en febrero pasado Robyn Dixon: “si un chico hace algo malo se le dice: No te comportes como un bosquimano. Si va sucio, se le dice: Eres tan sucio como un bosquimano.” Robyn recoge incluso la emisión de una noticia de radio en dónde se narraba que había ocurrido un accidente de tráfico en el cual habían muerto cuatro personas y un bosquimano. No se consideraba al sam como ser humano.

Bushwoman in Kalahari reserve
Es triste que quizá la salvación de los sam venga precisamente de la pérdida de la hegemonía mundial de Botswana en la producción diamantífera. Botswana produjo 3.600 millones de dólares en diamantes el pasado 2014, siendo superada por Rusia con 3.700 millones. Las autoridades se han dado cuenta que su prosperidad no puede basarse única y exclusivamente en la extracción de diamantes, que deben diversificar su economía, pues el nivel de vida que han tenido hasta ahora, debido en gran parte a la producción diamantífera, se está viendo mermado. De hecho, se prevé déficit presupuestario para 2016, cosa que no había ocurrido en el último lustro.

Esperemos que esto, junto con la presión de distintos organismos internacionales, permita al pueblo sam continuar con su vida, tal como ellos quieran, en la tierra de sus ancestros. 

Para concluir, podemos citar las palabras de Gakelebone: “La manera de vida de los sam es suya. Si ellos la escogen así, ellos la han escogido.”


martes, 8 de diciembre de 2015

LCP IX. LOS SAM. La iniciación de Nkosi (3ª parte)

Bosquimano apreciando un kudú abatido previamente
La búsqueda, el acecho y la persecución del animal les había llevado lejos del lugar dónde estaba asentado su grupo. Y la noche se estaba echando encima. El sol, como un gran plato de loza roja, comenzaba a esconderse en el horizonte. Los cazadores se dispusieron a pasar la noche. Ya tomarían el camino de vuelta al amanecer del día siguiente. Ahora tocaba disfrutar de un merecido descanso tras una fructífera jornada de caza. La pieza abatida suministraría recursos suficientes para un gran número de días. Tenían asegurado el futuro próximo.

Ahora correspondía encender el fuego alrededor del cual dispondrían sus lechos, excavados en la tierra, dónde se entregarían a un sueño reparador. Al estar en su proceso de iniciación, a Nkosi le correspondió encender el fuego. Era una técnica que dominaba, que le fue enseñada bastante tiempo atrás por su abuelo.

Bosquimanos haciendo fuego
Disponía de dos varas de madera, una más ancha, la otra más redondeada. Puso la ancha en el suelo, cogió un pequeño manojo de hierbas secas que acumuló en el centro de la tabla, y con la vara más redondeada, colocada sobre ese conjunto de hojarasca, comenzó a moverla con ambas manos con rapidez. Para ello, colocó las manos palma contra palma, la vara sujeta entre ellas, y las desplazó alternativamente hacia delante y hacia atrás, en un movimiento rítmico, rápido, potente. Poco a poco, debido a la fricción de las dos superficies, la temperatura fue aumentando hasta alcanzar el grado de combustión de la hojarasca. Comenzó a salir humo del grupo de hojas secas.

Cuando Nkosi consideró que había llegado el momento, separó la vara redondeada, acercó su cara a la madera humeante y empezó a soplar. Primero suavemente, hasta que las chispas empezaron a dar paso a una pequeña llama; la intensidad de su soplido fue haciéndose mayor hasta conseguir una llama que acercó a la zona dónde se había acumulado el ramaje para realizar el fuego. Sin dejar de soplar, introdujo el puñado de hojarasca en el interior del montón de palos amontonados. Introdujo el fuego en el corazón del montículo de madera. Y poco a poco, primero tímidamente, después con fuerza, las llamas hicieron acto de aparición. Nkosi las miró extasiado. Le gustaba la sensación que recorría su cuerpo. La sensación de haber realizado un pequeño milagro.

La mañana siguiente comenzó al amanecer. Nkosi notó un vigoroso zarandeo que lo sacó del sueño. Era su padre, que le urgía a levantarse. Había que trocear el eland, y decidir los pedazos de carne que llevarían al grupo, y lo que dejarían en la sabana para que las hienas, chacales u otro tipo de carnívoros, dieran buena cuenta de ellos. También se precisaba llegar pronto al grupo. Esa noche sería la celebración de su exitosa iniciación. Había conseguido una presa importante y había pasado al mundo de los adultos. Ahora sería uno más del grupo. Sus opiniones serían tenidas en cuenta de igual a igual. Dejaría de ser el hijo de uno de los cazadores para convertirse en Nkosi, el cazador. Podría casarse, formar una familia, tener hijos a los que enseñar y transmitir toda la sabiduría que había adquirido de sus mayores.


Llegó la noche. Y llegó la celebración. El te-kúa, un instrumento hecho de púas de metal clavadas en un trozo de madera alas que se hacía vibrar, y el guashi, un instrumento de cuerda, se dejaban oír junto al sonido de las gargantas de los sam al dejar volar por el cielo del Kalahari los cánticos ancestrales de sus antepasados.

Los sam consideran que la música y la danza tienen poderes curativos, son capaces de alejar los espíritus. Quizá la alegría contagiante de sus canciones es la que obra el milagro. El caso es que esa noche Nkosi disfrutó de su paso a la edad adulta. Bailó y cantó como uno más. Había alcanzado la madurez. Al día siguiente empezaba una nueva etapa para él, llena de retos, dificultades y experiencias. Pero esa noche tocaba disfrutar. Y así hizo.




domingo, 29 de noviembre de 2015

CUENTO TRADICIONAL DE CAMERÚN

Acabo de oír un cuento de la zona interior de Camerún. Y no me resisto a transcribirlo a mi blog.

LA TORTUGA

Iba un día la tortuga caminando por la selva. La tortuga es un animal muy, muy lento. Da un paso y descansa. Y tanto tiene que descansar que pasa un año, y otro, y otro, y entonces da el siguiente paso. Así la tortuga camina segura por la selva.


Pues la tortuga iba así, lenta, segura, por la selva, con cuidado. Y, de pronto, se cae en un hoyo. Un hoyo grande, profundo, de paredes lisas. La tortuga no podía subir, no podía salir del hoyo. Y, triste, se decía a sí misma:
-¡Cómo he podido caer en este hoyo, si iba tan segura! ¡En qué andaría pensando para equivocarme así y caer en este hoyo! ¿Cómo saldré de aquí?

Ilustración del autor del blog

Estaba en estas cavilaciones nuestra amiga la tortuga, cuando, de pronto cayó un leopardo. El leopardo también se había equivocado y había caído al hoyo. Cuando le vio la tortuga pensó: "Otro que se ha caído. Al menos, tendré compañía y no estaremos solos ninguno de los dos."
Pero después se dijo: "¡Qué estoy diciendo! El leopardo es más fuerte que yo. Podrá conmigo y me comerá, a no ser..."


Y entonces la tortuga se puso enfrente del leopardo y se encaró con él.
-¡Eh! ¡Leopardo! ¿Qué estás haciendo en mi casa? ¡Has entrado sin permiso! ¡Ahora mismo te estás marchando!

El leopardo, en un primer momento se avergonzó, pues era verdad que había entrado sin permiso. Pero tras unos instantes de confusión, reflexionó: "¡Qué estoy haciendo! Soy más fuerte que la tortuga. ¡A qué viene hablarme de esa manera! Se va a enterar ésta de quien soy yo."

Entonces, el leopardo cogió a la tortuga, la subió con sus garras delanteras y la lanzó al exterior del hoyo.

Ilustración del autor del blog

Así la tortuga pudo seguir con su vida, lenta, pero segura.


martes, 24 de noviembre de 2015

LCP VIII. LOS SAM. La iniciación de Nkosi (2ª parte)


Nkosi se acercaba, agachado, procurando disminuir la distancia que existía entre él y el joven eland. El resto del grupo se había ido distribuyendo, tal como era la costumbre, en semicírculo alrededor del animal. La comunicación entre ellos se hacía por gestos. Su habilidad era tal que mediante la mímica se podrían transmitir unos a otros la especie de antílope que habían visto; su número; incluso su localización. Así era que mediante mímica, su padre le había comentado la aparición del eland, el mayor antílope que podían encontrar en toda esa tierra. Para su iniciación, para su entrada en la vida adulta, sería una gran presa.

Utensilios y adornos encontrados en Border Cave (KwalaZulu-Natal)

Con ella podría alimentar al grupo durante semanas. No sólo obtendrían carne, que podrían consumir fresca o después de un proceso de secado que haría que sirviera de reserva para tiempos de escasez. También aprovecharían su sangre como alimento, así como el tuétano de los huesos. Este último, al estar tan bien protegido por la capa dura del hueso, era muy apreciado. Pero además de nutrir a su grupo, con los cuernos y con los huesos del animal, adecuadamente tallados, se podrían obtener agujas y armas. Las agujas servirían para confeccionar ropa hecha con la piel del mismo antílope que el muchacho cazaría. Incluso alguna de las mujeres se coserían una especie de bolso para llevar las cosas en su nomadeo a través de la sabana, con sus correas respectivas para llevarlas colgadas. Un animal como aquel podría suponer una fuente de riqueza para toda su comunidad.


Cuando Nkosi consideró que estaba a la suficiente distancia, se levantó, apuntó con su arco al antílope y disparó la flecha. Ésta se clavó en el flanco del eland. En ese momento, el resto de la partida de caza se levantó, dejándose ver y formando un griterío ensordecedor, se dirigieron corriendo hacia el antílope. Éste había sentido una punzada en su flanco izquierdo, y sin tiempo para revolverse por el dolor, vio un grupo de hombres vociferando y dirigiéndose hacia él. Salió huyendo. Inició una carrera rápida, intensa, en dirección contraria de dónde provenía el grupo de humanos. Eso era lo que querían los componentes de la partida de caza. Al correr, al movilizar todos sus músculos, al aumentar la fuerza y la frecuencia con que su corazón bombeaba sangre, el veneno se distribuía más rápidamente por el organismo del antílope, facilitando su agotamiento, y, al final, su muerte.


Su padre le dio un golpe en el hombro y le hizo una seña para seguir al grupo. Nkosi se había quedado quieto, viendo su puntería y la reacción del eland. Una sonrisa se dibujó en su cara y comenzó a correr para unirse al grupo. Estas persecuciones podían durar varios días. A veces era suficiente seguir el rastro de la sangre y en pocas horas se encontraba al animal agonizante. Otras veces había que seguir el rastro durante más tiempo, pues el animal lograba resistir días. En estos casos los sam usaban todo su repertorio de grandes rastreadores para encontrar a su víctima. Por último, en ocasiones la presa se encontraba siempre a la vista, pero era muy resistente y se hacía necesario correr detrás de ella durante varias horas, o incluso días.

Grupo de leones devorando un eland común
Lo peor era cuando la presa había sido encontrada por las fieras, ya fueran leones, leopardos o chacales. Entonces había que decidir si disputaban la presa, con gran riesgo para la vida de los sam que constituían la partida de caza; o la abandonaban a las fieras, con lo que todo el trabajo de los días anteriores no había servido para nada. Nkosi pensaba en todo ello mientras todo el grupo perseguía al gran antílope.

Sin embargo, en esta ocasión todo fue bien. El joven eland aguantó sólo unas pocas horas. El veneno se distribuyó tan bien y fue tan efectivo que al final de la jornada le encontraron muerto, a la sombra de un arbusto. El animal se había ido a refugiar en sus últimos momentos de vida dónde al menos un poco de sombra le permitiera morir sin sentir sobre él los punzantes rayos del sol, que caían ese día sobre la sabana.


lunes, 16 de noviembre de 2015

...Y PARÍS AMANECIÓ EN SILENCIO.


La ciudad estaba tomada por las fuerzas del orden. En la noche anterior, París había sufrido el mayor ataque terrorista de su historia. Ciento veintinueve personas habían perdido la vida, y trescientas cincuenta estaban siendo atendidas en los hospitales, noventa y nueve de ellas graves. La masacre la había perpetrado una célula terrorista islámica, perteneciente al DAESH. Se había dividido en tres grupos. Uno intentó introducir su carga de muerte en el estadio de fútbol Saint Denis dónde se estaba celebrando el amistoso Francia-Alemania. Los tres hombres que lo intentaron fueron interceptados en las entradas al estadio. Detonaron sus bombas, pero sólo uno de ellos consiguió causar muertos, cinco en concreto. Otro grupo se dedicó a disparar a aquellos que estaban sentados en las terrazas de bares, y consiguieron una mayor "efectividad". Las terrazas estaban situadas a kilómetro y medio aproximadamente del estadio. Y el grupo más mortífero se introdujo en la sala de fiestas Bataclán, disparando a la multitud que se encontraba allí escuchando un concierto de música del grupo Eagles of Death Metal. El resultado: ochenta y nueve muertos. De los ocho terroristas que formaban los tres grupos, seis se autoinmolaron con los cinturones de explosivos que llevaban en el cuerpo, uno cayó abatido por las fuerzas del orden francesas, y otro consiguió escapar de la zona. En el momento que estoy escribiendo esto sigue la búsqueda de este último.


He tardado estos tres días en decir algo sobre lo ocurrido la noche del 13 de noviembre. Me quedé estupefacto al comenzar a oír lo sucedido. A través de una de las cadenas de televisión lo pude seguir desde las once de la noche. De pura chiripa, la conecté en ese momento y estaban dando la noticia con una cifra provisional de muertos de treinta y cinco, que iría subiendo paulatinamente. Después he oído las reacciones de las distintas autoridades, de los distintos medios de comunicación, y de la gente.

Es la tercera vez que escribo este año sobre el terrorismo yihadista. La primera hablé de la reacción de la gente. La segunda traté de transmitir los momentos que se vivieron durante la masacre. Ahora no acierto a saber qué escribir para poder manifestar lo que siento.


Han sido 129 los muertos en París, veinticuatro horas antes habían sido 43 en Beirut. Dos semanas antes 225 personas que sobrevolaban la península del Sinai. La guerra en Siria, Irak, Yemen está causando miles de víctimas. En octubre vivimos un episodio de ataques indiscriminados en las calles de Jerusalem, simplemente un cuchillo servía para matar a personas "del otro bando". 7.000.000 de refugiados de la guerra de Siria están esperando en campos a que en el primer mundo se les ocurra aceptarlos o parar la guerra. He oído en las noticias de televisión de este mediodía que el DAESH consigue más de 1.000.000 de dólares diario gracias a las ventas de petroleo. Y mientras intentó ver si existe algo nuevo para mencionarlo en esta entrada me encuentro que sí, que varios de los integrantes del G-20, los veinte países más poderosos del mundo, los que están reunidos hoy en Antaliya (Turquía) y se encuentran tan "consternados", financian al DAESH. ¿Por qué?

Esta vez es una denuncia. Denuncia a todos aquellos poderosos que hacen que la gente normal sufra. Denuncia a todos aquellos poderosos que hacen que gente desesperada se radicalice y "baile al son" que ellos tocan. Denuncia a todos aquellos poderosos que nos presentan los acontecimientos como "malos y buenos", que hacen que nos movilicemos ante una masacre en pleno corazón del primer mundo, pero que no hacen nada para resolver el problema de origen de dicha masacre: la pobreza y la falta de futuro de una parte muy importante de esta humanidad que el día 13 sufrió una vez más la mezquindad de esos poderosos.



viernes, 6 de noviembre de 2015

LCP VII. LOS SAM. La iniciación de Nkosi (1ª parte)

Eland común

Nkosi estaba nervioso. El antílope eland estaba frente a él. Era un magnífico ejemplar. Superaba con creces la media tonelada. Nkosi miró su flecha, armada en el arco que le había ayudado a construir su padre, y que tantas veces le había permitido clavar acertadamente la presa que perseguían. Primero presas menores. Pájaros, lagartijas, dik-diks, que eran pequeños antílopes del tamaño de un conejo. Pocas veces había fallado. De hecho, era uno de los jóvenes con mejor puntería del grupo al que pertenecía. Después vino el uso del veneno. 

Nkosi aún se acordaba de la primera vez que vio cómo se extraía el veneno de la larva de un escarabajo, más bien de la crisálida. La crisálida era la fase de la vida del insecto en la cual se encerraba en una especie de coraza o piel y dormitaba hasta que la larva se convertía en escarabajo. Su padre se lo había contado cuándo Nkosi le descubrió aplastando dichas larvas.

Crisálidas de escarabajo
-¡Padre! ¿Qué estás haciendo? –preguntó Nkosi mientras miraba fijamente como su padre, en el fondo de una escudilla, aplastaba ayudándose de un palo romo unas criaturas redondeadas. Su padre levantó la cabeza.
-Te preparo el material para el siguiente paso en tu crecimiento. Ven. Acércate.
-¿Qué es?
-Se trata de las bubas del escarabajo que te enseñé ayer. ¿Te acuerdas?
-Sí. –respondió Nkosi sin dejar de mirar la labor de su padre. Poco a poco el fondo de la escudilla se iba llenando de una sustancia pastosa.
-Pues bien, debes aplastarlas y removerlas una y otra vez hasta que quede un unte como el que está quedando ahora. –el padre de Nkosi sonrió al ver cómo la sustancia del fondo iba quedando homogénea y adquiría el carácter untuoso que buscaba.
-¿Para qué? ¿Es una pintura? ¿Un remedio para algo?
Su padre sonrió nuevamente y, mirándole a los ojos, le dijo:
-No, Nkosi. Es veneno. Sirve para matar.
Nkosi se quedó sorprendido.
-¿Para matar? –preguntó.

Sam untando con veneno la punta de flecha
-Sí, Nkosi. Esta sustancia la debes untar en la punta de tus flechas. Una vez que las dispares y se claven en el animal, éste morirá. No importa lo grande que sea. Tardará más, tardará menos. Pero morirá. Lo único que tendrás que hacer será seguir su rastro hasta encontrar el cadáver. Y cuando lo encuentres lo podrás disfrutar con todo tu grupo. El veneno no pasa a la carne. Podrás comer tan tranquilo de él.
-¡Es estupendo! ¡Ningún animal se me resistirá! –exclamó Nkosi con una amplia sonrisa.

Su padre volvió la cabeza y le miró. Era la mirada severa que le dirigía cuando había hecho alguna travesura. El muchacho comprendió que había algo más. Su padre le dijo:
-Cuidado, Nkosi. El poder de esta sustancia puede matar a cualquiera de nosotros. No duraríamos nada si entrara en nuestra sangre. Debes utilizarla única y exclusivamente –subrayó estas dos últimas palabras- para los animales. Nunca para cualquier otro sam.
La expresión de su padre era seria. Nkosi sabía que no sólo le estaba transmitiendo un conocimiento. Le estaba trasmitiendo una responsabilidad. Una gran responsabilidad.

Nkosi recordaba este episodio conforme se acercaba, agachado, procurando disminuir la distancia que existía entre él y el joven eland. 


Y ahí dejáremos al joven sam, hasta que en la próxima entrega sigamos descubriendo su historia. Muchas gracias a todos y os espero en la siguiente entrada. Desde la red que nos une, un saludo cordial.

sábado, 31 de octubre de 2015

LCP VI. LOS SAM. La redacción de una niña sam (3ª parte)

Al poco tiempo de la “danza del antílope”, mi hermana habló con mi madre y mi padre. En sus andanzas con sus amigas recogiendo frutos se habían cruzado varias veces con un grupo vecino. Allí había un chico que le interesaba. Habían intimado y ahora mi hermana les estaba comunicando la intención de casarse. Mis padres se sorprendieron de la noticia, pero mi hermana estaba decidida. Entre los sam, un hombre puede tener dos esposas. Pero éste no era el caso. Se trataba de un hombre joven, que se había iniciado hace poco en la vida adulta.

Al observar la decisión de su hija, mis padres aceptaron que se celebrara el enlace. Los días siguientes fueron muy atareados, pero llenos de alegría. Los dos grupos se encontraron y resultó que eran viejos conocidos. Se habían ayudado multitud de veces y habían compartido aventuras, enseres, alimentos. Los padres del novio y los míos se felicitaron por la elección que habían tenido ambos jóvenes. Y entre estas cosas y otras pasó el tiempo hasta que llegó el día de la unión, de la boda. Aquí, en el internado, me han contado que las celebraciones en otros pueblos son más o menos complicadas, que conlleva muchos y distintos actos. Incluso que en algunos lugares se unen para toda la vida. En los sam no es necesariamente así. Tanto el hombre como la mujer pueden separarse sin problemas. A esto lo llaman en otras culturas “divorcio libre”. Simplemente no se entienden y dejan de estar juntos, así de simple. Pero bueno, me estoy desviando de mi relato.

El día de la boda amanece temprano para las dos madres de la pareja. Juntos, colaborando, tienen que construir el primer refugio de la pareja. Aquél del que hablaba al comentar como se pasaba el invierno. Con palos y ramas construyen un refugio redondeado para los novios. Les llevó casi toda la mañana, porque tanto una como otra querían que quedase lo mejor posible. Una vez que estuvo construido, se reunieron los dos grupos, pues venía en estos momentos la parte más importante de la celebración.

Cada una de las familias trajo ascuas de sus hogueras respectivas. Y con ellas, las madres hicieron el primer fuego del primer hogar de la pareja. Con esto se quiere simbolizar que mi hermana y su novio forman un nuevo hogar, que surge de las dos familias, pero que es un hogar nuevo y distinto. A mí me lo explicó mi abuela, y me emocionó mucho. Un nuevo fuego a partir de las brasas de dos hogares distintos. Un símbolo precioso.

Por fin llegó nuestra parte de la celebración. Era la más sencilla. Junto con mis otros hermanos y amigos y amigas, tanto del novio como de la novia, trajimos a la pareja al refugio para que pasaran su primera noche de casados juntos. Allí los dejamos, y nos fuimos dónde el resto de la gente estaba cantando y bailando, celebrando el acontecimiento. Fue un día muy feliz para todos.

Bueno, he escrito tanto que espero que la maestra quede contenta. Creo haberle resumido bastante bien mi vida con mi familia antes del internado. Ya me lo contará cuando la lea.


viernes, 23 de octubre de 2015

LCP (V). EL PUEBLO SAM. La redacción de la niña sam (2ª parte)

Grupo Sam

Si en nuestro recorrido nos topábamos con otro grupo de sam, nos saludábamos con gran alegría. En las condiciones duras del desierto, siempre es agradable encontrar a otros como tú. A veces, nos juntábamos con otro grupo durante unos días. Entonces repartíamos por igual los resultados de nuestras correrías y de la caza de los hombres. Como si fuéramos un solo grupo. Cooperamos entre nosotros para salir adelante. 

I Guerra Mundial

Al llegar al internado, me enteré que esta conducta no es muy común entre los hombres de otros pueblos. Suelen pelear de forma frecuente. Y me han contado que hay enfrentamientos entre multitud de hombres, formando grandes grupos, cuyo objetivo es matar al mayor número de hombres que hay enfrente y que el que lo consigue, gana. Son las guerras. A nosotros no se nos ocurriría algo así. Ya es suficientemente complicada la vida en el desierto, como para que nosotros la compliquemos más. Me dicen que es debido a que unos quieren tener lo que tienen los otros, y estos otros no quieren dárselo. Es curioso, hasta llegar al internado no entendí que las cosas que tenía eran propias mías. Hasta entonces yo entendía que tenía algo para que lo usara todo el grupo, aunque yo lo guardara. Pero parece que esa no es la forma en que se piensa fuera del Kalahari.

Danza a contraluz
Ese día, a la vuelta de la recolección, mi madre nos tenía que dar una gran noticia. Mi hermana mayor había alcanzado la pubertad. Y en unas semanas realizaría la “danza del antílope”, siendo reconocida desde ese momento como mujer por el resto del grupo. Había avanzado un escalón más en su crecimiento, y ahora podría comportarse como una adulta. Se relacionaría de tú a tú con el resto de los mayores del grupo. Podría tomar decisiones propias. También podría ver a los hombres de otra manera, y un buen día casarse, tener hijos y cuidarlos, como había hecho mi madre con nosotras. Pero todo ocurrió más rápido de lo que yo me había imaginado.

Tras la “danza del antílope”, mi hermana, junto con sus amigas, comenzaron los paseos de recolección por sí mismas. Yo continuaba con mi abuela y su grupo. Me gustaba aprender mucho. Mi abuela y sus amigas eran la mejor fuente de conocimientos. No solamente para encontrar frutos, raíces, huevos u otras cosas; sino, sobre todo, para evitar encuentros peliagudos con leones, chacales o hienas. Aunque los hombres son los que tienen mayor probabilidad de encontrarlos, pues van detrás de las mismas piezas, eso no quita que en nuestros paseos nos podamos encontrar con alguna de estas fieras. De ellas, la que más temor me dan son las hienas.

León
Chacal

Los leones suelen huir al distinguir nuestro olor y, a no ser que algo se lo impida, prefieren no cruzarse con nosotros. Los chacales son asustadizos por naturaleza, al lanzarles unas cuantas piedras salen corriendo y se retiran. Pero las hienas no. Son animales muy cabezones, físicamente y de comportamiento, y si creen que van a sacar tajada te siguen a dónde quiera que vayas, aunque sea muy lejos. He oído a los hombres muchas historias de sus lances de caza. Con los leones en ocasiones se atreven a intentar quitarles la presa. Sobre todo si se trata de un león solitario. Pero con las hienas no. Siempre van en manadas, y por las que se dejan ver, hay otras tantas escondidas en las cercanías expectantes, preparadas para intervenir cuando les corresponda. Por ello, si los hombres ven que su presa ha sido descubierta por una jauría de hienas, suelen retirarse sin reclamarla. Tienen un mordisco muy fuerte, que puede partir incluso los huesos. Son unos bichos de cuidado.

Grupo de hienas devorando la presa